I Jornada de Didáctica de la Filosofía
La I Jornada de Didáctica de la Filosofía, celebrada en Ciudad Real en el IES Torreón del Alcázar, fue una de esas citas que dejan sensación de comunidad: profesorado con ganas de pensar en serio la enseñanza, de compartir herramientas y de salir con ideas concretas para llevar al aula al día siguiente. Durante toda la jornada se respiró un clima de trabajo real, de intercambio entre iguales y de reflexión compartida sobre lo que hacemos en clase y por qué lo hacemos.
Desde primera hora, el ambiente estuvo marcado por esa mezcla de entusiasmo y rigor que suele acompañar a los encuentros que de verdad importan. No se trataba solo de “asistir”, sino de debatir, contrastar experiencias y poner a prueba propuestas didácticas. A lo largo del día se abrió un espacio de trabajo común donde la Filosofía se vivió como lo que también es: una práctica educativa que enseña a argumentar, a escuchar y a formular buenas preguntas.
La jornada, además, tuvo un giro inesperado que terminó convirtiéndose en un ejemplo práctico de flexibilidad pedagógica. Por problemas con el tren, Javier Gracia no pudo llegar a la hora prevista y se incorporó finalmente alrededor de las 15:00. Lejos de deslucir el programa, el imprevisto se resolvió con agilidad: se reorganizaron los tiempos y se adelantaron talleres que estaban previstos para más tarde. En concreto, se desarrollaron primero el taller de Jorge Sánchez-Manjavacas y el taller de L. Margarita Sánchez-Brunete, lo que permitió aprovechar el tiempo con intensidad y mantener el ritmo de participación.
Uno de los momentos más especiales de la mañana fue la ponencia de Rafael Guardiola. Con un tono desenfadado, pero a la vez profundamente humano y honesto, supo llevarnos al corazón de un asunto esencial: el placer —y también la dificultad— de la argumentación racional. Su intervención combinó claridad, cercanía y sentido del humor con una invitación seria a cuidar cómo discutimos, cómo justificamos lo que pensamos y cómo aprendemos a sostener razones sin convertir el diálogo en una batalla. Fue una ponencia que hizo pensar sin solemnidad y que recordó, con sencillez, que la Filosofía en el aula tiene mucho que ver con aprender a convivir en la discrepancia. Puedes ver aquí su ponencia.
En el taller de Jorge Sánchez-Manjavacas se exploró la creación de recursos de alto impacto para el aula con apoyo de herramientas de IA, con un enfoque plenamente docente: no se trató de “hacer tecnología por hacerla”, sino de pensar qué tareas mejoran realmente el aprendizaje filosófico, cómo diseñar actividades que activen la comprensión y cómo ahorrar tiempo de preparación sin perder calidad. Se compartieron estrategias para generar materiales, adaptar textos y diseñar dinámicas que favorezcan el pensamiento crítico, siempre con el horizonte puesto en el aula real y sus necesidades.
El taller de L. Margarita Sánchez-Brunete puso el foco en el Visual Thinking y en la posibilidad de “pensar con imágenes”. A partir de ejemplos y propuestas prácticas, se trabajó cómo los recursos visuales pueden ayudar a ordenar ideas, hacer visibles los argumentos, mejorar la atención y facilitar que el alumnado exprese conceptos complejos con mayor claridad. Fue especialmente valioso comprobar cómo lo visual no es un “adorno”, sino una vía potente para estructurar el pensamiento, detectar confusiones y construir sentido.
Cuando Javier Gracia llegó, la jornada ya había generado un clima muy propicio: grupos con ideas en marcha, preguntas circulando y una sensación compartida de que estábamos construyendo algo más que un programa de actividades. Su aportación sirvió para recoger y proyectar muchas de las cuestiones que habían aparecido durante el día: qué significa innovar de verdad en Filosofía, cómo evitar que la innovación se quede en un cambio superficial, y de qué manera la didáctica filosófica puede conectar con competencias, valores y problemas contemporáneos sin perder profundidad.
Y el cierre estuvo a la altura de lo vivido. Los talleres de Víctor Ballesteros y Natalia Maniversa fueron el broche final perfecto para unas jornadas largamente deseadas por la comunidad docente. El taller de Víctor aterrizó con fuerza en lo práctico: herramientas, criterios y enfoques para una enseñanza competencial de la Filosofía que no renuncie ni a la profundidad ni a la exigencia, pero que sepa traducirse en propuestas evaluables y significativas. Por su parte, Natalia aportó una energía especialmente inspiradora, conectando la educación en valores con dinámicas que activan la participación y abren posibilidades reales de trabajo en el aula, dejando ideas fáciles de adaptar y con gran potencial motivador.
Uno de los aspectos más destacados fue la calidad de lo discutido: se habló —y se debatió bien— sobre la importancia, las dificultades y los retos de la Inteligencia Artificial, sobre cómo evaluar procesos de pensamiento y no solo productos, sobre el valor del diálogo en el aula y sobre la necesidad de diseñar experiencias de aprendizaje que pongan al alumnado a pensar de forma activa y responsable. Se compartieron dudas y preocupaciones sobre grupos que son difíciles de manejas y también soluciones: desde dinámicas para abrir debates más ricos, propuestas para mejorar el ambiente de clase, hasta ideas para trabajar textos exigentes sin simplificarlos en exceso.
Por otro lado, Raúl, presidente de la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha, contó que en mayo tendremos en Ciudad Real un congreso de Filosofía e Inteligencia Artificial con ponentes de primer nivel.











